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Discurso con ocasión del almuerzo de Estado ofrecido
por el Excelentísimo Oscar Arias Sánchez, Presidente
de la República de Costa Rica
San José, lunes 14 de diciembre de 2009
Estamos muy agradecidos por este almuerzo que tan gentilmente se nos ofreciera en ocasión de la primera visita de Estado de Canadá a Costa Rica, que será una oportunidad para dialogar y departir.
Mi esposo Jean-Daniel Lafond y yo, al igual que la delegación que nos acompaña, estamos encantados con la cálida bienvenida que nos han brindado los costarricenses.
Me viene a la mente esa frase brillante que usted, señor Presidente, pronunció en 1987 en Estocolmo, cuando afirmó que "la paz sólo puede alcanzarse por sus propios instrumentos: el diálogo y el entendimiento, la tolerancia y el perdón, la libertad y la democracia".
Fue una frase particularmente poderosa, si me permite decirlo, porque provino de un gran artífice de los procesos de paz que se implantaron para resolver los conflictos armados que asolaron Centroamérica durante la década de los ochenta; una frase de alguien proveniente de un país que había decidido abolir el ejército en una región del planeta donde, con demasiada frecuencia, el fragor de los fusiles hacía las veces de ley.
En ocasión de la Cumbre de Parlamentarios de las Américas celebrada en la hermosa ciudad de Quebec, tuve ya el privilegio de conversar con usted en mi calidad de periodista de la televisión estatal canadiense.
Es un placer verlo nuevamente, Excelentísimo Señor Presidente, y poder expresarle mi admiración personal y el orgullo que siente Canadá de colaborar con Costa Rica para realzar la seguridad, aumentar la prosperidad y promover los valores Democráticos en todo el hemisferio.
Asimismo, como diré más tarde ante los miembros de la Asamblea Legislativa, también aplaudimos los encomiables esfuerzos que Costa Rica está realizando para formar consensos y encontrar soluciones al grave problema del calentamiento de la Tierra; este problema está afectando a todo nuestro continente, desde el Norte hasta el Sur, como dan fe el derretimiento acelerado de la zona ártica y los catastróficos huracanes en el Caribe.
Compartimos la convicción de que la Humanidad se encuentra ante una encrucijada: podemos triunfar juntos apoyándonos en nuestras fuerzas colectivas, o bien podemos rehusarnos a hacer un frente común y con ello agravar la situación del planeta, tal vez de manera irreparable.
Espero con sumo interés escuchar sus palabras, Excelentísimo Señor Presidente, y conocer su parecer sobre estas inquietudes compartidas que requieren una definición más amplia y comprometida de responsabilidad ciudadana.
Es en ese espíritu de apertura y solidaridad que hemos venido al encuentro de las dinámicas fuerzas de Costa Rica, como lo hicimos ayer en Puerto Limón y lo haremos hoy y mañana en la capital.
Mi esposo, cineasta y filósofo de profesión, aguarda con impaciencia el poder encontrarse con los amantes del séptimo arte para explorar nuevas vías de colaboración.
Yo también anhelo poder constatar, en el terreno, los resultados de algunas inversiones canadienses en Costa Rica.
Excelentísimo Señor Presidente: brindo por la amistad que une a nuestros pueblos, deseando que esta visita de Estado alimente el diálogo, de por sí vigoroso, que existe entre Costa Rica y Canadá.
