VERSION ESPAGNOLE - Cérémonie d'accueil au Mexique

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Ceremonia de recepción

México, lunes 7 de diciembre de 2009

Uno de sus grandes poetas, Octavio Paz, dijo que la única cosa que el mundo humano no admite es «la carencia de sentido».

Ahora bien, para mí, lo que caracteriza ante todo a México, y lo que me ha llevado a recorrerlo de norte a sur, antes de iniciar mis estudios universitarios, es justamente lo contrario una profusión de sentidos.

Una profusión de sentidos que manifiestan al mismo tiempo la riqueza y la diversidad de los rasgos de civilizaciones, que literalmente saltan a la vista desde que se atraviesa la frontera al norte hasta Chiapas.

Esta travesía de México marcó mi juventud, me ha permitido volver a hablar de este patrimonio latino que tenemos en común, ya que nací en Haití, y ha influido considerablemente en mi vida.

Maravillada por una cultura multiforme y secular, profundamente arraigada en la tierra de América y abierta a los mestizajes, desde los vestigios de una antigüedad gloriosa hasta la tradición muralista, que hace estallar en los muros de edificios públicos episodios de la historia más reciente, estaba sobre la pista de uno de los patrimonios más prolíficos y fabulosos de la humanidad.

Fue a mi regreso de este viaje a México, Señor Presidente, cuando la muchacha que era yo, y que se identificó con esta cultura latina que era también la de mis orígenes caribeños, decidió inscribirse en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Montreal y profundizar las impresiones deslumbrantes recogidas en el viaje.

Además, mis profesores me decían que tenía un ligero acento mexicano cuando hablaba español. Ustedes dirán si tenían razón al reconocer en mi forma de hablar ecos de esos meses de aprendizaje en México, donde el destino me volvería a traer después en varias ocasiones.

Particularmente, en calidad de periodista de la televisión pública canadiense, tuve la ocasión de examinar varios aspectos de las relaciones comerciales entre nuestros dos países, y de detenerme en las realidades sociales que prevalecían en los años 1990.

Esto fue para mí una experiencia de conocimiento profundo de las grandes cuestiones de México en la misma época en que se negociaba el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Cada vez que regreso no hace más que aumentar mi fascinación y mi admiración por la extraordinaria riqueza de la sociedad y la cultura mexicanas.

Hoy constituye una dicha inigualable volver a México en calidad de Gobernadora General y Comandante en Jefe de Canadá.

Y si comencé hablándoles de mi descubrimiento personal de México, y del consiguiente apego que siento por su pueblo y su cultura, es porque ese mismo sentimiento lo comparten muchos de mis compatriotas canadienses.

En efecto, en toda América Latina y el Caribe, es México el que recibe la mayor cantidad anual de turistas canadienses.

Me complace recordarlo en este año en el que conmemoramos 65 años de relaciones diplomáticas entre Canadá y México.

Somos a la vez amigos y socios continentales que nos comprometemos sin reserva con los valores democráticos de justicia y de equidad, con la primacía del derecho así como con el respeto de las libertades individuales, y que trabajamos de común acuerdo por la seguridad, la prosperidad y la competitividad de América del Norte en el contexto mundial actual.

Y justamente con la intencíon de estrechar aun más los vínculos que nos unen, mi esposo, Jean-Daniel Lafond, yo misma y la delegación que nos acompaña nos proponemos dirigirnos al encuentro de las fuerzas vivas de la sociedad mexicana, tanto en el centro del país, como en Chiapas, en Tuxtla Gutiérrez y en San Cristóbal de las Casas.

Nos resulta importante continuar un diálogo vigoroso con las mujeres, los jóvenes y los hombres que tienen empeño por mejorar la suerte de sus semejantes y de su comunidad, y tenemos la intención de inspirarnos en sus perspectivas sobre las cuestiones que, por muy arraigadas que estén entre ellos, nos conciernen igualmente a título de ciudadanas y ciudadanos del hemisferio y del mundo.

Al emprender esta visíta de Estado a México, nuestro deseo entrañable es recordar a las mexicanas y a los mexicanos cuánto valoramos su amistad, y explorar juntos nuevas formas de prolongarla fructíferamente.

Les agradezco de todo corazón esta calida acogida y digo ¡Viva la amistad entre Canadá y México!